Abril 21, 2021

El rápido y dramático avance del mar en nuestras costas

Hace treinta años atrás el mundo era otro. Lo que no es raro. Es, más bien, algo obvio. De igual modo, en treinta años más este mundo de hoy será muy distinto al de ese venidero 2050. El cambio, la evolución es constante, natural, incontenible. Así, criterios que en 1990 resultaban medianamente sensatos, plausibles, hoy son blanco de un abierto cuestionamiento. En 1990, de hecho, para nuestra comuna muchos apostaron por cierto tipo de crecimiento. Apuntar a convertir a Algarrobo en una nueva Viña y, por tanto, poner como máximo ejemplo de desarrollo urbanístico los resorts de Miami o el Caribe, fue la consigna. Por suerte, hubo también quienes pusieron sobre la mesa visiones más conectadas con nuestra historia e identidad.

Así y todo, la apuesta de levantar grandes proyectos en “primera línea de playa” como oferta turística (teóricamente) distintiva y diferenciadora desde 1990 en adelante se aplicó, y ciertamente no en menor grado. Los proyectos inmobiliarios están ahí y los cambios experimentados en estas últimas tres décadas no se quedaron solo en los conceptos, en el papel. Los cambios son muchos más físicos, mucho más tangibles que eso. No solo nuestra sociedad ha cambiado, sino, sobre todo, nuestro planeta lo ha hecho. En la imagen que comparto, queda en evidencia el cambio experimentado en nuestras costas en un lapso de solo 20 años. Así de contundente, así de dramático.

La tarea de revertir, de reformular aquellos criterios de desarrollo urbanístico de 1990 es una cuestión urgente. Y no por razones meramente conceptuales, ideológicas. Los proyectos inmobiliarios en esa añejamente codiciada “primera línea de playa” deben ser simplemente erradicados de nuestras costas. Adiós a la extensión de Arenamaris sobre las arenas de Algarrobo Norte (y sobre restos arqueológicos). Adiós a la pretensión urbanística en las arenas de Tunquén (y sobre un sinfín de puntos de interés arqueológico). Las razones saltan a la vista…

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